lunes, 20 de octubre de 2008

Las oportunidades perdidas

Siempre que tomaba un helado se hacía un enchastre. Ese mal hábito le había quedado desde que tenía trece años y acostumbraba pedir banana split cuando iba a tomar helado con su amiga. Hacía años que no pedía más ese gusto... pero la crema alcanzaba siempre a derretirse y pegotearle las manos desde esa época. En el pequeño parquecito sentada en la baranda con el sol bien alto todavía, intentaba no mancharse.

Es medio empalagoso pero creo que el gusto de abajo está mejor.

Apoyaba su brazo en él que estaba parado a su lado. Mueca. Sí, no le había resultado del todo rico. Silencio. No necesitaba nada más para encontrarse cómoda... pensando en nada. El helado, el parque, el sol, la sombra, la baranda, su amigo, la gran ciudad lejos de su vida común.
Una paloma perseguía a otra con el cuello hinchado en un acto de cortejo primaveral.

Mirá

Le dijo. Ella prestó atención. El palomo seguía a su acompañante con un paso galante y atrevido. La hembra jugueteaba indecisa. Sonrieron ambos. Pasa un joven transeúnte en medio de las aves y le tira un cigarrillo encendido al macho quien inmediatamente retrotrae su garguero y retrocede. En unos segundos una distancia espantosa separó a las dos palomas... La oportunidad estaba estallada en mil pedazos, ya una imposibilidad, ya la ausencia, cada uno se olvidó del otro como si no hubiesen existido jamás en una continuidad espacio-temporal.

Siempre hay alguno que no coge ni deja coger...

Sentenció entre indignada y frustrada al mismo tiempo que pensaba que esa sería una excelente escena para una narración breve. Mientras un mechón de su cabello se revolvía en frente de sus ojos, pensó también si las oportunidades se pierden como los minutos que pasamos mirando la lluvia por la ventana, si no se recuperan como las monedas caídas de los bolsillos, si no vuelven porque son frágiles y mueren con la mínima perturbación o porque les encanta histeriquear a más no poder hasta que pierden el interés y se escapan, diluídas, en el tiempo. Siempre uno se queda con el vaso a medio llenar porque se le rompe la botella cuando intenta darle hasta el tope. Otra vez el timing y otra vez la ironía. No se dio ni entonces, ni ahora... ni nunca.
El gusto que estaba debajo resultó no ser tan dulce. Terminaron el helado en silencio. Luego se fueron por el lado contrario del que habían llegado.

1 comentario:

checho#checho dijo...

nadie lo hubiera descripto mejor... es que claro, nadie mas estaba entre nosotros dos... es que claro, nadie era suficiente orate como para jugar en la gran ciudad, es que claro, fue la primer vez que la pasearon... Te acordas como relacionabas mucho mi compañia en el paseo con el que tuviste con tu amiguita tiempo atras... que tiempos, lindos tiempos; hoy la canción sigue, la marea, los globos, las coincidencias, una remera roja, cartas, llamados, risas, distancia, basta para mi, buenas noches, no soporto lo que no puedo decir, no soporto pero seguire, me curiosidad, me da eso que soy y no se.