sábado, 9 de octubre de 2010

LAS CIUDADES Y EL NOMBRE. 5

Irene es la ciudad que se asoma al borde del altiplano a la hora en que las luces se encienden y en el aire límpido se ve allá en el fondo la rosa del poblado: donde es más densa de ventanas, donde ralea en senderos apenas iluminados, donde amontona sombras de jardines, y levanta torres con luces de señales; y si la noche es brumosa, un esfumado claror se hincha como una esponja lechosa al pie de las caletas.
Los viajeros del altiplano, los pastores con los rebaños trashumantes, los pajareros que vigilan sus redes, los ermitaños que recogen raíces, todos miran hacia abajo y hablan de Irene. El viento trae a veces una música de bombos y trompetas, el chisporroteo de los disparos en las luces de una fiesta; a veces el desgranar de la metralla, la explosión de un polvorín en el cielo amarillo de los fuegos encendidos por la guerra civil. Los que miran desde arriba hacen conjeturas acerca de lo que está sucediendo en la ciudad, se preguntan si estaría bien o mal encontrarse en Irene esa
noche. No es que tengan intención de ir --y de todos modos los caminos que bajan al valle son malos-- pero Irene imanta miradas y pensamientos del que esta allá en lo alto.
Llegado a este punto Kublai Kan espera que Marco hable de una Irene como se ve desde adentro. Y Marco no puede hacerlo: qué es la ciudad que los del altiplano llaman Irene, no ha conseguido saberlo; por lo demás poco importa: si se la viera estando en medio sería otra ciudad; Irene es un nombre de ciudad de lejos, y si uno se acerca, cambia.
La ciudad, para el que pasa sin entrar, es una, y otra para el que está preso de ella y no sale; una es la ciudad a la que se llega la primera vez, otra la que se deja para no volver; cada una merece un nombre diferente; quizá de Irene he hablado ya bajo otros nombres; quizá no he hablado sino de Irene.

Las ciudades invisibles. Ítalo Calvino

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Sólo yo

Sé que soy la única que te extraña
pero al menos no soy la única que está loca...

lunes, 20 de septiembre de 2010

I just miss something but I don't know what it is

"Me falta algo. Siempre que salgo de casa, creo que me olvido de algo.
Tengo dos manos, dos ojos, una boca, todo lo que debería tener. El abrigo, la cartera, el documento, los lentes de sol, los de leer, toallitas, un forro... creo que tengo todo y sin embargo, no. Algo falta. Entonces revuelvo todo, los bolsillos, la cartera, me fijo si llevo la llave. Y sigue estando en orden el inventario para salir de mi casa. ¿A vos te parece que nos pase siempre así?
Lo mismo a la noche. Sé que tomé las pastillas, que fui al baño, que me lavé los dientes, que estudié para el día siguiente, que dejé todo preparado y que compré el tarjebus. Lo mismo a la mañana, siempre siento que me estoy olvidando de algo.
Y cuando me miro al espejo y te veo..."
"Si, me ves"
"Y me decís que está todo bien, que tengo todo, que estoy completa. Que la única cosa que necesito sos vos..."
"Si, te digo eso..."
"Lo entiendo, ojo, y lo sé pero..."
"Sí, pero yo también lo sentí. A veces nosotras no nos bastamos para ser felices."
"No creo que eso esté bien"
"No, no lo está."
"¿Y ahora qué hacemos?"
"Fijate... querés comer? a mí me pica el bagre"
"Y bueno, dale"

domingo, 19 de septiembre de 2010

No soy yo, soy vos

Me parece que la Doctora es yeta...

No soy doctora (como me han llamado muchos por trabajar en un estudio jurídico). No soy profesora de tango, aunque doy clases. No soy licenciada, puesto que todavía no me recibí. No soy profesora de literatura, puesto que no cursé ni una materia pedagógica. No soy profesora de inglés ni de italiano, aunque doy particular de ambos idiomas. No soy secretaria, puesto que mis tareas exceden esas funciones, según me dijo uno de mis jefes. No soy estudiante, según me dijo mi otro jefe, porque ya trabajo y tengo otras preocupaciones. Por lo tanto ya no sé ni cómo autodefinirme y mucho menos sé, con qué cara le puedo discutir al cajero del banco que me paga los cheques de docencia, que yo no soy Irene Noelia D'Angelo. La burocracia cósmica suele ser siempre muy irónica.

viernes, 10 de septiembre de 2010

De Coldplay a Rammstein en 24 meses

Uno crece, se vuelve viejo, empieza la universidad, se preocupa de otras cosas... cambia. Uno se va adaptando gradualmente al proceso de vivir y va desarrollando distintas estrategias para granjearse la infancia, la adolescencia, la adultez, etc. Es imposible que uno sea siempre el mismo, es imposible que a uno siempre le caiga algo de la misma manera o le guste siempre lo mismo o con la misma intensidad. Sobre todo si uno es un poco inconstante, de atención dispersa y vuele de un lado para el otro.
Si tuviera que definirme... no podría hacerlo. Sé que hubo un tiempo (del cual casi no me acuerdo) en el que todo era simple pero se esfumó con la adolescencia. Me cuesta cada vez más sintetizar en una sola palabra, las experiencias, las vivencias, las emociones. Ni hablar de los gustos; cada vez son más diversos y abarcativos.
Creo, no obstante, que puedo marcar un recorrido un tanto irregular del 2008 hasta ahora. Y creo también que estoy en un punto completamente opuesto y extremo al que jamás pensé que iba a llegar. Soy más independiente, activa, curiosa, autosuficiente, distante, cínica e irónica. Básicamente me he autoinventado esta invulnerabilidad frente a los demás

Me heriste? No importa, mirá qué poco te demuestro que me dio por las pelotas

Querés seguir haciendo lo que se te canta? mirá cómo me da igual y si puedo me busco un reemplazo

Querés que te diga lo políticamente correcto? No, soy pragmática, basta de idealismos, las cosas son como son y ya no las intento cambiar

Por supuesto que es mucho más reconfortante esta nueva actitud que vivir deprimida durante temporadas enteras. Por supuesto que demuestro mucho más carácter y actitud (cosas que nunca pensé tener) que antes. Por supuesto que me río mucho más de mí y de mis desgracias. Y sin embargo, evito la angustia pero tampoco soy feliz. La locura revienta por otro lado.
Y por eso, podría decirse que en el 2008 encontrarías en mi mp3 álbumes enteros de Keane y Coldplay y que ahora sólo escucho Rammstein. Pareciera que esto se dará en otra entrada, sobre los extremos y mi constante inhabilidad para encontrar un justo medio. Será que soy así... será que cambia el contenido, mas no las formas.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Te quiero mucho

ah.....

Pd: probablemente mañana me arrepienta de esta entrada.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Nostos y algios

En un lugar
donde el tiempo no corre
donde nada se llama
donde simplemente sos

Etimológicamente "nostalgia" refiere, por un lado, a un lugar, el nostos, y, por otro, comparte la raíz de muchas algias, o dolores. Estar nostálgico es sentir dolor por un lugar, generalmente el hogar que, se supone que está perdido, extraviado o lejos. Básicamente, extrañar mucho. Siempre que recuerdo esta palabra, me viene a la mente Odiseo y su gran viaje; no puedo evitar imaginarlo en la cubierta de su nao mirando al mar con la cara apoyada en la mano ante una inmensidad azul y bajo un cielo mediterráneo. Es increíblemente llamativo cómo una palabra sintetiza tan bien una idea y un sentimiento (Y... no faltaba más, fueron los griegos los que la compusieron). Pero más allá de la magia de las palabras, en esta hay cierta carnalidad ligada a la espiritualidad. El dolor es algo concreto y bien físico y se liga a un lugar, a un "afuera de uno" que está ausente e inalcanzable. O sea, que va desde lo más íntimo y subjetivo a lo que no nos pertenece por estar alejados (aunque sintamos que nosotros le pertenecemos completamente).
En las derivaciones del sentido muchas veces uno no se siente nostálgico por un lugar físico sino que puede abarcar situaciones, experiencias y personas también. Estos otros también son "lugares". Uno no está CON ellos, no está EN ellos, no está CERCA DE ellos, pero pensamos que son parte nuestra y viceversa. Con lo que, esa parte, al estar fragmentada, se extraña, se debilita, se vuelve pequeña... y a veces se olvida o se queda dormida (hasta que volvemos a acordarnos). A veces se muere para siempre... pero eso hoy no nos compete, hoy nos ocupamos de lo que no está a nuestro alcance y no podemos recuperar. Siempre termina siendo una búsqueda inacabable de nosotros mismos.
Sin demorarme más, puesto que tengo que irme, paso a mi nostalgia de ayer y hoy (bah, empezó un poco la semana pasada). Volví a escuchar algunas canciones, volví a plantearme las mismas cosas que ya me sé de memoria, volví a ver algunos videos viejos y volví y volví nuevamente a ese lugar que ya no existe más y que me harto de querer reproducir por todos lados sin darme cuenta que ÉSTE es ahora mi lugar y es maravilloso en todo lo que tiene de diferente y único con respecto a aquel.