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sábado, 1 de octubre de 2011

El parto difícil

Hola, por fin te conozco. Eras esa creación mía, tan chiquitita y rudimentaria que surgió de algo minúsculo pero de gran valor. De a poco fuiste creciendo, te alimenté con lecturas y críticas, con teorías y así gestaste un largo tiempo. Una vez que me pareció suficiente la espera me atreví a determinar cuál iba a ser tu sexo y así empezaste a constituir tu incipiente carácter, tu forma, tu gracia. Me ocupé de moldearte parte por parte, esbozarte, pulirte, releerte, mi chiquita, tanto tanto como si fueras de porcelana y hubiera que tratarte con el máximo de los cuidados y cuidar al máximo el detalle. Luego, vino el dificultoso día de hacerte salir a este mundo. Contracciones y más contracciones. Complicaciones. Angustias, desesperaciones. Tu vida estuvo en peligro, es justo que lo sepas. Y bueno, ahora estoy aquí después de dos semanas de labor de parto, viendo cómo se asoma tu cabecita, entendiendo finalmente la forma que adquiriste, una forma completamente dispuesta por mí. Hoy por fin ya puedo ponerte un nombre, querida monografía. En efecto, te llamé "Una cuestión de principios" y de apellido te puse algo más largo todavía. Pero no podías llamarte de otra manera. Espero que seas muy feliz en tu vida y me proporciones un 10 para el Seminario LC de la orientación.

sábado, 9 de octubre de 2010

LAS CIUDADES Y EL NOMBRE. 5

Irene es la ciudad que se asoma al borde del altiplano a la hora en que las luces se encienden y en el aire límpido se ve allá en el fondo la rosa del poblado: donde es más densa de ventanas, donde ralea en senderos apenas iluminados, donde amontona sombras de jardines, y levanta torres con luces de señales; y si la noche es brumosa, un esfumado claror se hincha como una esponja lechosa al pie de las caletas.
Los viajeros del altiplano, los pastores con los rebaños trashumantes, los pajareros que vigilan sus redes, los ermitaños que recogen raíces, todos miran hacia abajo y hablan de Irene. El viento trae a veces una música de bombos y trompetas, el chisporroteo de los disparos en las luces de una fiesta; a veces el desgranar de la metralla, la explosión de un polvorín en el cielo amarillo de los fuegos encendidos por la guerra civil. Los que miran desde arriba hacen conjeturas acerca de lo que está sucediendo en la ciudad, se preguntan si estaría bien o mal encontrarse en Irene esa
noche. No es que tengan intención de ir --y de todos modos los caminos que bajan al valle son malos-- pero Irene imanta miradas y pensamientos del que esta allá en lo alto.
Llegado a este punto Kublai Kan espera que Marco hable de una Irene como se ve desde adentro. Y Marco no puede hacerlo: qué es la ciudad que los del altiplano llaman Irene, no ha conseguido saberlo; por lo demás poco importa: si se la viera estando en medio sería otra ciudad; Irene es un nombre de ciudad de lejos, y si uno se acerca, cambia.
La ciudad, para el que pasa sin entrar, es una, y otra para el que está preso de ella y no sale; una es la ciudad a la que se llega la primera vez, otra la que se deja para no volver; cada una merece un nombre diferente; quizá de Irene he hablado ya bajo otros nombres; quizá no he hablado sino de Irene.

Las ciudades invisibles. Ítalo Calvino

viernes, 21 de noviembre de 2008

Todo tiempo pasado fue...

Pareciera como si siempre repitiera lo mismo pero algo me marco a los 17 años. Qué sabemos a esa edad... pss, nada, nada de nada de la nada más absoluta. Más yo, casi criada en una burbuja de gases lacrimógenos nocivos para la salud mental. Por ese tiempo, leí "El túnel". Qué lo parió, siempre fui una persona optimista y últimamente estoy sumida en depresión tras depresión, sin contar los ataques de pánico. ¿Es que no puede parar de pensar y maquinar mi cerebro?. Así que yo pensaba que... mi vida, después de todo, no podía ser tan mala como la gente se empecinaba en señalármelo. Es por esta razón que me impactó tanto el fragmento con el que comienza Sábato su texto. Pasaron los años y la reflexión sesuda de Juan Pablo Castel quedó en mi cabeza. Creo que es debido a que yo pensaba lo mismo que él.

Todo tiempo pasado fue mejor

No, no, no. Mirá, antes se decía: La mujer tiene que estar en la casa y criar a los hijos. Se decía hay que matar a los putos porque son diferentes. Antes se decía proceso al genocidio y progreso al colonialismo.
*Ahora todos se amontonan y nadie se casa.
Ahora todos tienen tatuajes y en unos años nadie va a poder donar sangre.*
Ahora se viola, se mata, se, se, se, se, se...
Con qué facilidad se tiende a olvidar la desgracia, el hambre, la intolerancia, la pobreza.
Y es cierto, no estamos en un lecho de rosas ni mucho menos... pero antes, ha! Antes!! Antes los caballos cagaban bosta perfumada!!!. Ni se te ocurra pensar en lo mal que se la pasaba Antes si todos nuestros viejos y nuestros abuelos NO necesitaron terapia psicológica y mirá qué bien que están.
O sea, me permito la siguiente aclaración.
El hecho de que el pasado sea inaccesible y por lo tanto nos plantee una jugosa utopía precisamente por esta característica intrínseca, no significa que haya sido tan bueno como nuestras cabezas lo recuerdan.
Me permito corregir la frase; Todo tiempo pasado fue...
y con esto, me gustaría retirarme a disponer de mi presente y planificar para mi futuro sin olvidar lo que fui pero sin que la sombra de las Irenes anteriores me opaque el sol.


A continuación, los dejo con tres citas sobre este tema que encontré en la literatura argentina curiosamente con una diferencia de escasos meses (entre las dos que no son de Sábato).

La frase "todo tiempo pasado fue mejor" no indica que antes sucedieran menos cosas malas, sino que –felizmente- la gente las echan en el olvido. Desde luego, semejante frase no tiene validez universal; yo, por ejemplo, me caracterizo por recordar preferentemente los hechos malos y, así, casi podría decir que "todo tiempo pasado fue peor", si no fuera porque el presente me parece tan horrible como el pasado; recuerdo tantas calamidades, tantos rostros cínicos y crueles, tantas malas acciones, que la memoria es para mí como la temerosa luz que alumbra un sórdido museo de la vergüenza.
Ernesto Sábato, "El túnel".

Y así es la vida, quejarse siempre de lo que fue.
Roberto Arlt, "El juguete rabioso".

Callaron nuevamente. Las dos encontraron para ese interrogante una respuesta. La misma: sí, el pasado había sido mejor porque entonces ambas creían en el amor. Al silencio siguió el silencio.
Manuel Puig. "Boquitas pintadas".

*Agradezco este par de frases a la amiga de mi madre quien en una tensa charla conmigo "para romper el hielo" hizo las acotaciones más características y estereotipadas para su edad como:
"No sé qué hacían esas viejas en el baile sin los maridos, bailando y gritando como locas"
"Cantaba línea cada dos por tres pero nunca saco nada"
"¿Vos Irene tenés tatuajes?"
"En la cuadra donde viven ustedes tus papás son los únicos casados, ¡Qué desfachatez!"
Gracias Elvirita... sos el sueño de tus años!!!

miércoles, 13 de agosto de 2008

... si caigo en el abismo es de cabeza y en línea recta, con los pies hacia arriba y la cabeza hacia abajo y hasta soy capaz de alegrarme de caer así y de encontrar cierta belleza en mi caída. Entonces, desde el fondo mismo de mi vergüenza entono un himno. Es cierto que estoy maldecido, que soy vil e innoble pero no por ello dejo de besar el orillo de la túnica de Dios.
Estoy llorando... ¡Déjame llorar! Esto es quizá una estupidez de la que cualquiera se reiría pero sé que tú no te reirás. ¡También a tí te brillan los ojos! Quiero hablarte ahora de los "insectos", de aquellos a quienes Dios dio la voluptuosidad.


Dostoievsky
Los hermanos Karamazov