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viernes, 26 de septiembre de 2008

Interruptum III

Qué bueno que me fui de esa casa... están todos locos ahí
decía
mientras apagaba el cigarrillo con el cordón de la vereda de enfrente, toda su ropa sobre la acera.

viernes, 2 de mayo de 2008

Interruptum II

Casi una mueca estúpida, indescifrable. ¿Qué significaba esa sonrisa condescendiente, los ojos entornados, los dientes a medio mostrarse en la boca entreabierta?. La mano en el hombro... ¿Es necesario?. Responde con el mismo gesto indulgente. La perra casualidad en la fresca tarde de abril. Hojas amarillas y marrones; el recuerdo del supermercado aquella semana santa. Un escalofrío.
Cruza los brazos. La languidez. Uno nunca está del todo preparado para los reencuentros. Qué importancia hubiera tenido ahora, antes. Hace cinco minutos él era la misma persona que sería dentro de ocho semanas (al menos) y tampoco hubiese estado preparado entonces. Quizás sí con el pelo corto. Bah, a quién engañaba, lo más probable es que hubiese seguido creciendo.
Ella habla. Insoportablemente. Habla insoportablemente y asiente a sus monosílabos con entusiasmo. Sigue sonriendo. Él sólo refleja pálidamente su gesto pero mira mucho al piso y a los costados. Mientras, se pregunta la razón por la que pasó tanto tiempo con ella, qué le vio en primer lugar y por qué dejó que lo dejara y no sólo eso, sino que se reprochaba que lo hubiese abandonado recién cuando a él le resultaba imposible la vida sin ella. Los meses posteriores, la piltrafa. El reacomodamiento. Justo, justo cuando dejaba ir a su fantasma se la cruzaba en persona. Y la bilis verde que se le apelotonaba en la garganta haciéndole gárgaras que además le resultaban espesas y repugnantes.
Te veo bien
Sí...
¿Estás trabajando?
La carpeta negra casi se le resbala en un estúpido intento por mostrarla para no tener que articular una vez más el "sí" lastimoso. Carpeta llena de mensajes crípticos y rebordes subrayados, de márgenes con citas suicidas e intentos de homicidio. El despecho y la pluma en su cita diaria en el break de las 12.00.
La ve alejarse por el puesto de diarios y revistas que antes no significaba nada y ahora lo detesta sólo por ser el primer mojón de su humillación. Lugar excecrable por el cual, sin lugar a dudas, pasaría todos los días para recordar la imbecilidad de aquella a la que le había dedicado tantos dolores e insomnios durante tanto tiempo y que al fin lograba desmitificar y bajar a la Tierra. Se sintió hasta estúpido de haberse enamorado de alguien tan inferior a él, tan banal y tan común, casi ordinaria. Pasaría diariamente, en efecto, para regodearse en su victoria; pasaría para mofarse de su dolor y sobre todo... pasaría para cruzarla de nuevo.

viernes, 25 de abril de 2008

Interruptum 1

¿Qué vas a ser cuando seas grande?
Lo miró descreída revolviendo el té de la mañana. No sabía si hablaba en serio o era uno de sus innumerables acertijos sin solución. Paradojas de lo inalcanzable o delirios de martes a las 7 de la mañana.
Yo ya lo sé... je.
Sonrió medio de costado como solía hacer mientras se llevaba la taza a la boca. Ella siguió mirándolo con la cucharita suspendida en el tiempo. Finalmente bajó la vista: ojos y cuchara hicieron el mismo movimiento descendente. La espumita del té recién revuelta daba vueltas formando círculos alrededor de sí mismos, desintegrándose y volviéndose a juntar azarosamente. Ora de un lado, ora del otro, tendiendo siempre al medio en forma envolvente coronando de blanco amarillento la oscuridad de la infusión. Tenía la boca reseca y entreabierta, la cavilación había durado más de lo conveniente. Apuró el sorbo y se quemó la lengua pero lo supo disimular. ¿Qué le había dicho? ¿Había hablado en realidad?
Alzó la vista y él ya no estaba en su asiento. Iba y venía de un lado al otro con sus cosas en la mano y la eterna premura de lo incontingente. Entreabrió la boca para contestarle mientras le besaba la frente una vez de pie junto a ella; una vez de pie y junto a ella cuando había estado tan lejos hacía un minuto, un minuto en el que el té dio vueltas.
Chau
Sonrisa completa (cálida como siempre) mientras atravesaba la puerta. Su taza, sobre la mesa redonda y la cuchara a un costado. Sólo había probado un sorbo...