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lunes, 17 de noviembre de 2008

Carpe Diem. Horacio.

Tu ne quaesieris (scire nefas) quem mihi, quem tibi fienm di dederint, Leuconoe, nec Babilonios temptaris numeros. Ut melius quicquid erit pati!
Seu pluris hiemes seu tribuit Iuppiter ultimam, quae nunc oppositis debilitat pumicibus mare Tyrrenum, sapias, vina liques et spatio brevi spem longam reseces. Dum loquimur, fugerit invida aetas: carpe diem, quam minimum credula postero.


No busques el final que a ti o a mí nos tienen reservado los dioses (que por otra parte es sacrilegio saberlo), oh Leuconoé, y no te dediques a investigar los cálculos de los astrólogos babilonios. ¡Vale más sufrir lo que sea! Puede ser que Júpiter te conceda varios inviernos, o puede ser que éste, que ahora golpea al mar Tirreno contra las rocas de los acantilados, sea el último; pero tú has de ser sabia, y, mientras, filtra el vino y olvídate del breve tiempo que queda amparándote en la larga esperanza. Mientras estamos hablando, he aquí que el tiempo, envidioso, se nos escapa: aprovecha el día de hoy, y no pongas de ninguna manera tu fe ni tu esperanza en el día de mañana.

sábado, 8 de noviembre de 2008

La muerte debiera llegar en invierno...

Eros y Tánatos van siempre de la mano

No paniquees
Vos no entrés en pánico
¿Cuándo me ves en pánico a mí?
Todo el tiempo.
Caramba, si no estoy en pánico, estoy tranquila, me siento bien. Bien pero cansada. Bien pero triste. Bien, bien, tranquila. ¿Cómo estás? Bien, estoy bien, estoy tranquila... mmmm... ¿por qué estoy tranquila? No tengo motivos para estar tranquila, el agua me llega al cuello pero de alguna manera logré acostumbrarme. Me siento mal por estar bien. Tengo culpa por estar tranquila. Debería estar intranquila y sentirme mal, mal, muy mal, preocuparme mucho. Entro en pánico, sí, pero tranquila.
No quiero que cambies nada, me dijo, quiero que seas como sos, me dijo. ¿Por qué lo racionalizás todo? me dijo, deberías estar contenta, me dijo. ¿Qué es esto? me dijo ¿estás asustada? me dijo. Tengo miedo, les dije, tengo ganas de salir corriendo, les dije. La salida no es el escape, me dijo, uno no se corta una pierna porque no trote bien, me dijo. Tengo algo en la garganta, un nudo, les dije, no puedo hablar, las palabras no salen, les dije. Escapar es lo más fácil, supongo, que es, además, lo que siempre hago, supongo. Dejá de proyectar, me dijo, esta es una buena oportunidad, me dijo. Me fui tranquila, entré en pánico, pero tranquila.
Los días están demasiado lindos, no se debería pensar en la muerte en noviembre. El aire tiene olor a playa y no me imagino peor lugar para estar triste que frente al mar. La muerte debiera llegar siempre en invierno porque no puedo concebir esta ambigüedad de que haya tanto sol y, sin embargo, adentro esté tan oscuro. Estoy en pánico, sí, en pánico... pero tranquila.

jueves, 6 de noviembre de 2008

Ud se va a morir.

Efectivamente, usted se va a morir. No sirve ya de nada que lo niegue, se va a morir. Qué le importa al destino si usted es todavía joven y lozano o si no cumplió con el propósito de su vida. Qué le importa si tan sólo hace tres meses la conoció a ella pero pudo decirle lo que sentía hace menos de una semana. Usted se va a morir y no hay con qué darle.
Usted se sintió mal, recuerde. Se sintió mal y le llamó la atención porque fue de tener una salud excelente toda su vida que aún no alcanza los treinta años. Sí, usted es joven todavía pero recuerde que su padre y abuelo fallecieron siendo unos escasos años mayores que usted. Recuerde que se sintió mal y vomitó... estuvo vomitando como una semana seguida. Recuerde que le echó la culpa a lo que había comido. Recuerde que fue a hacerse un control y recuerde la cara del médico, la expresión al ver su historial y sus síntomas. En ese momento dejó de parecerle una nimiedad, ¿no es cierto?. En ese momento comenzó a creer en la posibilidad de morirse y le dio miedo, se le ató un nudo en el estómago. Recuerde la prueba de sangre, la ecografía, recuérdelo. Usted vivió con el corazón en la boca esos momentos.
Recuerde que se levantó, en lo sucesivo, preocupado por la posibilidad... ¡lo bien que hizo porque se iba a morir! Recuerde también la acidez constante de saberse un cadáver caminante. Eso no fue tan saludable, ¿no es cierto?
Recuerde la noche que salió con sus amigos que no sabían nada de nada. Ellos festejando y usted con la certeza de que se iba a morir. Apartado en un rincón con una copa en la mano y la mirada desahuciada. Sin embargo ella lo miraba con insistencia. Le devolvió la mirada y fue casi inmediato... dejó de pensar en que se moría.
Pasó estos últimos tres meses olvidado ya de su antiguo dolor. Ella era lo único que ocupaba su memoria, sus horas, su trabajo, sus días, sus noches, sus insomnios. Ella era todo. Recuerde estos pasados tres meses y recuerde que fueron casi idílicos. Recuerde su primer beso tan cargado de posibilidades y de vida... sí, vida. Cargado de la vida que a usted le viene escaseando. Recuerde cuando recordó que estaba muriendo a pesar de que se sentía bien y recuerde su mirada. Recuerde lo que ella le dijo y que usted le contestó que no era nada. Recuerde cómo volvió a olvidar que la arena del reloj estaba terminándosele.
Recuerde esta mañana, sí, esta mañana, después del desayuno, después del diario, la salida al trabajo. El sobre por debajo de la puerta Laboratorio de análisis.... paciente... los resultados. Tardaron, es cierto, excesivamente, usted ya se sentía vivo de nuevo. Las huelgas, es cierto, las huelgas se habían extendido. Usted se había desinteresado también no yéndolos a buscar, es cierto, tardaron mucho, es cierto. Usted comenzó a sentir desde esta mañana nuevamente el dolor punzante pero ahora junto al recuerdo de ella. Usted comenzó a recordar la muerte con el sobre en la mano, sin animarse a abrirlo, a saber nada con él. Usted lo metió en el bolsillo. Usted se prenguntó cuánto más fácil sería que le llegara un mail con esas cosas para matar la incertidumbre: Asunto: Usted se va a morir Contenido: sí, usted se va a morir, lo decía en el asunto, qué no sabe leer usted?. Usted sacó y apretó el sobre arrugándolo, torciéndolo, usted se detuvo. Usted no quería saber, usted sólo quería vivir. Usted sólo quería verla a ella. Usted no quería romper esa magia de los primeros días de un amor tan grande. Usted puso el sobre en el bolsillo y salió a trabajar.
Desde el trabajo, recuerde usted, cómo llamó al doctor, con qué voz cortada y casi pusilánime le avisó que tenía los resultados. Usted se va a morir, no lo olvide, pero siga recordando. Usted pasó el resto de la jornada laboral con la mirada perdida en la pared y los llamados que se agolpaban en el contestador. Usted era demasiado joven para morir y la quería a ella demasiado para no tener su oportunidad. Usted se largó a llorar, lloró y lloró y todo el que le preguntaba no obtenía más que balbuceos de usted. Usted se dijo que la muerte no tenía nada de digno, nada de amable o alegre, nada de nada, la muerte no le ofrecía ningún prospecto alentador. Usted salió de su oficina e ignoró deliberadamente los llamados de ella. Usted no podía enfrentarla, verla, usted no era funcional a la vida, no, ya no más. Usted había vuelto a ser un cadáver.
Y ahora, frente al consultorio del doctor con el sobre en el bolsillo. Usted se va a morir y lo toca, lo toca con la punta de los dedos nerviosamente con un sudor frío recorriéndolo todo entero, de pies a cabeza a boca a manos a pies. Usted ha decidido que es difícil enfrentarse con el hecho de que se está muriendo. Si sólo lo hubiera tomado con más naturalidad pero esto le resultaba fatal, insostenible, insojuzgable. Usted se iba a morir y nadie lo evitaría.
Usted oye la voz de la secretaria a través de la puerta. Usted se para nervioso, se adelanta, tropieza primero con el revistero y debe juntar las revistar que se deslizaron fuera. Tartamudea un sí, soy yo mientras se pone de pie nuevamente. Usted se va a morir y qué manera de perder tiempo siendo tan torpe. Usted saca el sobre del bolsillo, atraviesa el umbral... como un zombie, como un muerto. Usted se va a morir. Usted se sienta frente al doctor y le entrega los papeles. El doctor abre el sobre y usted se va a morir... el doctor lee las letras... el doctor lee... usted se va a morir... usted sabe que se va a morir.