Mostrando entradas con la etiqueta Ofelia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ofelia. Mostrar todas las entradas

lunes, 18 de enero de 2010

Ofelia y su tornillo de menos

En la dialéctica de las causas y consecuencias no sé si mi frustración es la causa de tanta ansiedad o viceversa.

De todas las neurosis que padezco creo que esta última es la que menos me ha deprimido. Quizás sea que estoy creciendo -o poniéndome vieja, más bien- que ya no creo en cuentos. Quizás sea que cada amor es distinto de por sí. Y, caramba, deslizamos una palabra muy pesada que es necesario superar para poder seguir adelante. Bah, no es amor. Aunque ya me veo bastante incapacitada para distinguir el encaprichamiento de un sentimiento afectivo, lo que también recae en gran medida en mi egoísmo desproporcionado. Y aún así, con esta disposición de ánimo, me levanté esta mañana y dejé en la mesa de luz el tornillo que estaba en la almohada, sólo porque ya no lo necesito.
Tampoco necesito gran cosa para ir sonriendo por la calle. Me descubrí pensando en él con alegría. A pesar de que no existe nada real que salga más allá de mi mente, no soy infeliz por ese sentimiento. Aunque él no piense nunca en mí (y menos de la forma en que yo quiero que piense en mí) no me preocupa. Soy capaz de enfurecerme hasta estallar en una escena de celos de dimensiones titánicas y estar calmada al instante siguiente como si nunca nada hubiese ocurrido. Y a pesar de que él es de él, el él de mi cabeza es sólo mío y no lo comparto con nadie al punto de enloquecerme y caminar las paredes de ganas de que lo sepa alguien.
Por eso hoy dejé el tornillo.
Igual ya estaba flojito.

martes, 16 de diciembre de 2008

Ophelia


I
En las aguas profundas que acunan las estrellas,
blanca y cándida, Ofelia flota como un gran lilio,
flota tan lentamente, recostada en sus velos...
cuando tocan a muerte en el bosque lejano.



Hace ya miles de años que la pálida Ofelia pasa,
fantasma blanco por el gran río negro;
más de mil años ya que su suave locura
murmura su tonada en el aire nocturno.










El viento, cual corola, sus senos acaricia
y despliega, acunado, su velamen azul;
los sauces temblorosos lloran contra sus hombros
y por su frente en sueños, la espadaña se pliega.




Los rizados nenúfares suspiran a su lado,
mientras ella despierta, en el dormido aliso,
un nido del que surge un mínimo temblor...
y un canto, en oros, cae del cielo misterioso.


II
¡Oh tristísima Ofelia, bella como la nieve,
muerta cuando eras niña, llevada por el río!
Y es que los fríos vientos que caen de Noruega
te habían susurrado la adusta libertad.

Y es que un arcano soplo, al blandir tu melena,
en tu mente traspuesta metió voces extrañas;
y es que tu corazón escuchaba el lamento
de la Naturaleza ––son de árboles y noches.

Y es que la voz del mar, como inmenso jadeo
rompió tu corazón manso y tierno de niña;
y es que un día de abril, un bello infante pálido,
un loco miserioso, a tus pies se sentó.

Cielo, Amor, Libertad: ¡qué sueño, oh pobre Loca! .
Te fundías en él como nieve en el fuego;
tus visiones, enormes, ahogaban tu palabra.
–Y el terrible Infinito espantó tu ojo azul
III
Y el poeta nos dice que en la noche estrellada
vienes a recoger las flores que cortaste,
y que ha visto en el agua, recostada en sus velos,
a la cándida Ofelia flotar, como un gran lis .

Arthur Rimbaud, Ophelie.

Ophelia. Joan Bevelacqua












AHORA HAMPLET ESTÁ LOCO PERO NADIE ESTÁ MÁS LOCO QUE OFELIA.

Ophelia. John Millais


Links de interés:
http://remi.uninet.edu/2004/09/ofelia.htm
http://www.agirregabiria.net/mikel/2004/ofelia.htm
http://www.bibliotecasvirtuales.com/biblioteca/literaturalatinoamericana/deHostos/OfeliaenHamlet.asp