Mostrando entradas con la etiqueta eros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta eros. Mostrar todas las entradas

lunes, 25 de enero de 2010

¿Se puede saber dónde estás, cobarde? ¿Qué te creés, que no te reconocí? Andás como el amariconado que sos, revoloteando entre las polleras y las braguetas, metiendo el aguijón donde no debés y te encanta. No das nunca la cara ¿o sí? Siempre que te busco sólo veo tu rastro o siento tu aroma. ¡Qué afortunada fui el día que pesqué una pluma que se te había escapado! Plumas de gallina, eso tenés. Nunca se te ocurre mejor idea que venir a molestarme a mí, que yo nunca nada te hice . Bueno, supongo que no necesitás excusas, lo que hace de tus hechos algo verdaderamente deplorable. ¿Por qué te emperrás? Sólo te pedí un poco de tranquilidad e hiciste oídos sordos. Ahora, ahora ¿ves? ya no sé qué hacer. Me tenés acá, medio opa, alimentándome de soles acuosos y recuerdos mal disimulados; viviendo un laberinto hasta para ir al baño (incluso cuando estoy apurada). ¿Me querés decir qué mierda te pasa? ¿Podés dejar de esconderte por una puta vez en tu vida? ¿Querés hacerme dejar de pasar papelones?
Silencio, tal como lo esperé.
Dejá de reírte de mi humillación por detrás y retirate de una buena vez. Ni siquiera te me aparezcas en sueños... ¡porque te reviento!

viernes, 18 de julio de 2008

Eros, Afrodita y Hermes. Diálogo de los dioses. Luciano de Samósata


Afrodita: -Oh, Eros ¿por qué razón te enfrentas entonces a todos los demás dioses: Zeus, Poseidón, Apolo, Rea, a mí, tu madre... y en cambio con Atenea nunca disparas, pues ante ella tu antorcha se apaga, nunca das en el blanco, y tu aljaba se queda sin flechas?
Eros:-Me da miedo, madre. Es temible. Sus ojos tienen un brillo intenso. Toda ella es virilidad. Cuando tiendo el arco y avanzo hacia ella, agita el penacho de su casco y me llena de pavor; tiemblo, y entonces no puedo disparar.
Afrodita:-Ares era más peligroso aún, y sin embargo, pudiste con él.
Eros:-Es que él me acoge amistosamente y hasta me llama, en cambio Atenea siempre me mira con recelo. Una vez la casualidad quiso que yo pasase volando cerca de ella con mi antorcha y oí que me decía: "Si das un paso más, te mato, atravesándote con mi jabalina, cogiéndote por un pie y arrojándote al Tártaro, o haciéndote pedazos con mis propias manos." Esa diosa de mirada matadora que lleva sobra el pecho una espantable figura me ha hecho muchas amenazas como esa, la visión que más me aterroriza de ella es su horrible cabeza cortada, como víboras de cabellera. En efecto, el pánico se apodera de mí y salgo huyendo ante ella. (fragmento)
Acercate vo' ahora nomá vasavé cómo va a cobrá hijo de mil!