viernes, 9 de abril de 2010

Mensaje entre líneas

No lo que se dice,
sino lo que se implica
lo que se sugiere
lo que se da a entender
lo que está implícito
lo que se piensa
lo que se sobreentiende
lo que se alude
lo que se menciona indirectamente
lo que está entre líneas.
No lo que se dice,
sino lo que NO se dice.

jueves, 1 de abril de 2010

Bahía, bici non apta...

Es así, la vida del obrero es así.
Aún peor, la vida del estudiante que trabaja y debe estar en dos lugares al mismo tiempo. Haciendo gala de mi omnipresencia recién estrenada en el mes de marzo, introdúzcoles el vehículo que me permite tal proeza; mi bicicleta (o biciteta, como a veces la denomino cariñosamente).
El año pasado la importé desde la ciudad de Punta Alta para poder trasladarme a mi trabajo en la inmobiliaria... que no duró mucho. Inmediatamente oí comentarios como "Sos una suicida" "Adiós, adiós, me gustó mucho ser tu amigo", etc. Perfecto, lo admití y tomé consciencia que andar por las calles de Bahía Blanca en bicicleta (y más para una puntaltense) sería un riesgo. Pero verdaderamente no supe bien en lo que me metía hasta después de hacer el viajecito inaugural.
El primer día que entré a pedalear, cuando doblé en una esquina, un auto se me cerró contra el cordón y si yo no frenaba, me la ponía... mal. Tal fue el cagaso que recién me di cuenta una cuadra después de qué es lo que había sucedido y lo puteé... claro, al pedo, totalmente, y bajo el riesgo de que me tragara algo de frente ya que me dí vuelta en mi asiento para enfatizar el insulto.
Más allá del tránsito caótico, sobre el cual volveré más adelante, quiero analizar el problema de la ciudad en sí en relación a este medio de transporte. Primero y antes que nada, Bahía Blanca es intrínsecamente hostil a los ciclistas por su clima altamente ventoso. Si lo combinamos con una ida al Palihue o al Patagonia... bueno, creo que es necesario aclarar para los que no conocen la topografía de la zona: esos barrios están aislados del resto de nosotros, pobres mortales trabajadores, estudiantes y mendigos, por una pronunciada loma. Y como venía diciendo; viento en contra + subida= hígado afuera. El puto viento es tan fuerte y tan cotidiano que se constituye en el enemigo número uno de los peinados, los árboles enclenques y los ciclistas. En adición a eso, consideremos que las torres donde vivo se caracterizan por pronunciar este efecto climático. Nada agradable por cierto, fuera de la bicicleta, ya que en mi depto todo está a medio sostener y la ventolina nos deja pensando seriamente si algún día no terminaremos con una mano adelante y la otra atrás mientras el pobre que pasaba por abajo, yace muerto debajo de una pila de vidrios cortados y marcos rotos.
Y hablando del hermoso sector que me tocó en suerte para tener una vivienda, adjunto además, que de las tres torres, la del medio, o sea, la mía, es la única que NO TIENE RAMPA, que el ascensor por el cual tenemos que subir o bajar el armatoste (últimamente vengo fantaseando con la idea de una bicicleta plegable) anda como el reverendo ojete y te para 20, a veces 30 cm más abajo de la puerta por lo que hay que hacer un esfuerzo extra y un malabar más para meter o sacar el móvil y que, ya de por sí, estos subibajas del demonio, son lo suficientemente estrechos como para entrar apenas por lo que uno debe ir ensardinado y con el manubrio clavado en... el cuello o la cara.
La tercer razón de la inadaptabilidad de la urbe a los vehículos de dos ruedas con tracción a fuerza humana es la destrucción casi completa de todas las calles. Entre los baches y los autos uno ya no se decide a quién esquivar, para dónde mirar y cuál de las dos muertes puede ser menos dolorosa; o bien tragada por una de esas fisuras que parecieran provocadas por algún desastre natural pero que en realidad son producto de un pésimo mantenimiento comunal, o bien estrellada por el conductor al cual le chupa todo tres carajos... ya que es bahiense y eso, de por sí, entraña una profunda carencia de valores, consideración e inteligencia.
Entre este cúmulo de razones, a mí sola se me ocurre tener que estar a las 16hs en el trabajo, siendo que a ese horario salgo de cursar en la otra punta de la ciudad (y tampoco se puede confiar en el servicio de transporte público por sobradas razones que no me veo en la necesidad de andar exponiendo considerando la comprensión del lector). Es entonces que se desata una carrera contra el tiempo, los autos, los baches y... los semáforos, gran enemigo de los ciclistas. Y cada vez que paso uno en amarillo/rojo o como esté, estoy paranoica. Y si Sábato bien diría "pensé que se trataba de cieguitos", yo, en cambio, a cada infracción rezo "pensé que se trataba de zorritos" y me paranoiqueo buscando a los agentes de chaleco fosforescente que me vendrán a hacer la multa, por lo que, a esas alturas, no sé si ver al piso, a los costados o a los uniformados.
A todo esto, cuando fui a poner appunto la bici, luego de una larga temporada sin usarla, se me terminó de romper el freno izquierdo... así que ando con posibilidades disminuídas de detenerme. Y si bien es cierto que cada vez que salgo a la calle o vuelvo del trabajo a las 8 de la noche sin luces, sin casco y me reprocho constantemente "soy un peligro", ayer viernes, me vine llevando a mi compañera de trabajo en el portaequipaje. Sudé frío... muy frío, en especial al pasar la avenida Colón. Todo esto me deja pensando que tengo un ángel aparte, pero que quizás algún día lo mate del disgusto. Reconozco que el tránsito también es mí responsabilidad y por más cuidadosa que intento ser también me mando mis mocos. Esto debería ser un diálogo o un intercambio, un quid pro quo, entre ciclistas, motonetistas, autopistas, autopartes, autoandantes, autódromos, gobierno municipal y bahienses en general. Sobre mediados del año pasado, una camioneta atropeyó a una chica en bicicleta; justo yo pasaba por enfrente del lugar y ví la bici debajo de las ruedas. Puede que nunca me pase o puede que sea sólo cuestión de tiempo. Pero en esta Argentina en la que se maneja cada vez peor, debiera hacerse un esfuerzo para que esos desagradables accidentes sean sólo cuestión del destino y no de la imprudencia.

domingo, 21 de marzo de 2010

La estilogía del ebrio. 1. El factor "qué me calienta"

30 días de dieta sin alcohol y uno comienza a observar esos hábitos que tiene el ebrio habitual y que uno mismo, como ebrio o, ex ebrio temporalmente, también ha tenido pero se ha acostumbrado a verlos como algo natural... o simplemente no se acuerda de la noche alcoholizada en cuestión. Por lo tanto, salir un sábado con la boca seca, lo deja a uno pensando seriamente sobre esta cultura que gira en torno de la bebida, la salida, el sexo y la droga. Bueno, me fui al carajo con los últimos dos, quedémonos en la relación natural y casi necesaria de: festejo o salida/alcohol.
Pero primero quisiera hacer una alusión al título. Estilogía sé que no existe, pero como he dicho varias veces antes, este es mi blog y si quiero inventar palabras... que así sea. Con este neologismo estoy intentando reunir varias cosas a la vez, ya sea; modus vivendi, formas de hablar, de caminar, habitos comunes, etc. Por lo tanto, lo que se pasará a analizar en estas entradas (que pretenden ser más de una, con suerte) será toda la cosmología del borracho, tanto cuando está bajo los efectos de Baco, como cuando no. Dese un ejemplo:

A: Hay muchos limones

B:Qué copado podemos hacer...

A:Lemon Pie

B: Sí... o yo decía, capaz, lemoncello.

En cuanto a lo que figura a modo de subtítulo, El factor "qué me calienta", paso a explicar. Creo que una de las características principales del borracho es esta cualidad. Cuando uno está mareadito o "alegre", le importa verdaderamente muy poco cualquier fenómeno externo a él por lo que lo aborda desde una óptica lúdica y casi desfachatada. Así sea un velorio o la cena de navidad con los suegros. El borracho le asigna una relevancia nimia ya que está demasiado ocupado intentando mantenerse en pie y acallando las voces internas que hacen chistes de cualquier cosa que ve u oye. Por lo tanto, el ridículo no es nada, la percepción del espacio del otro es prácticamente inexistente y realmente lo que sucede alrededor y lo que en un momento de sobriedad hubiéramos hecho de la manera más seria, adquiere una ridiculez tal que nos es imposible no reirnos de eso. Sé que no tengo que hablar con extraños... bah, qué me calienta, vamos pa'delante. Sé que no tengo que cruzar por cualquier lado... uh, que me esquiven los autos loco! soy peatón, me corresponde! Sé que ese culo no lo debo tocar... pero en la muchedumbre quién se va a dar cuenta de que fui yo??
Y debe ser por esto mismo que uno sale y se da más cuenta de las cosas cuando no tomó, y ve chicos apetecibles a los que ni se le ocurre acercarse (cosa que ebria, una hubiera hecho como lo más normal). Debe ser que la etiqueta forzada que pone la sociedad sobre la frente, esa que dice "desesperada", nos hace autoconvencernos de que no somos de carne, de que no tenemos deseos y de que no nos corre sangre por las venas. A tal punto que llegamos al cúlmine de la abstinencia con tal de no ser la puta... por más que no nos caliente lo más mínimo lo que piensen los demás. Y sigo pensando por qué me resulta no sólo vergonzoso sino degradante tener que hacer un primer movimiento... que no haré nunca por mi misma naturaleza! A menos que esté ebria... y hasta por ahí nomás. Verán, el factor "qué me calienta" tiene ese doble filo también. Por un lado, realmente hacemos cosas que no haríamos porque perdemos la profundidad del espectro y algo que es complejo por todas sus implicaciones sociales se reduce a una nimiedad. Por otro lado, nos sirve de excelente excusa "Ah, no me acuerdo, estaba en pedo". Finalmente, salir con más o menos alcohol no es una diferencia cualitativa, sino que, cuando no tomamos, estamos más conscientes de las limitaciones y dominaciones sociales, incluso un sábado a la noche.

viernes, 19 de marzo de 2010

Lo que el verano se llevó... y también dejó

Y si, el verano está por irse. Pensé esta entrada para el 21 pero no tiene caso aplazarla si esta semana entré a cursar y a no tener vida así que para mí el verano se terminó hace un tiempito. Este año tocaron vacaciones caseritas pero se hizo lo que se pudo y no salió tan mal. Me faltan por supuesto algunas fotos que están en cámaras ajenas pero si algún día las consigo y tengo ganas las subo, sino... se quedarán con la intriga (ahh qué mala que soy, no?). Bueno, aquí van.

1ero de enero, Punta Ancla:
Laguna La Salada, creo que 7 de enero:


Entre enero y febrero, las idas a Punta Ancla y las vicisitudes que éstas acarrearon:





Camioneta a tracción humana, única en su clase.


El encallamiento de la morza

Monte Hermoso, un fin de semana de la 2da quincena de febrero:



Salida con Lu y Feli, entre febrero y marzo:


miércoles, 17 de marzo de 2010

Imágenes en la retina interna

¿Cómo se hace para acallar a la voz de la evocación? ¿Cómo se deja de ver un rostro especial en otros? ¿Cómo se borra una imagen tan arraigada en nosotros que el más mínimo destello de semejanza la trae a colación?
Flashes de memoria interna que van y vienen; una despedida es igual a todas las despedidas, un beso es repetible, una sensación no es novedosa. Aunque sí es reconfortante esa especie de nostalgia feliz que nos envuelve después de comprobar que debajo de todo los principios que nos rigen, las estructuras son siempre las mismas.
Una mano separándose desgarradoramente de otra.
Un beso fugaz tirado al aire
Un hasta mañana que nunca se concreta
El aroma de la primavera cada año
Un niño llamando a su madre después de un mal sueño
Y la satisfacción de que todo se repite como un anillo y, por lo tanto, lo perecedero, es eterno.

martes, 16 de marzo de 2010

Q.E.P.D. siesta...

A los 8 años de edad falleció en la ciudad de Bahía Blanca la siesta de los martes, miércoles y jueves de Irene D'Angelo. Asesinada cruelmente por las obligaciones y la cursada, deja un vacío de bostezos y ojos arenosos. Quienes la conocimos y pasamos mucho tiempo de dicha con ella, sentidamente la extrañaremos. Deja en este mundo terrenal a su dueña quien hoy la llora desde el fondo de su alma. Por todo esto y más, siempre estarás en nuestro corazón,

sábado, 6 de marzo de 2010

Realize

Así que eso era lo que hacía falta, lo que yo necesitaba para que te dieras cuenta de que en el lugar donde estoy no lo ocupa sólo el aire.
Caigo, caemos, de a poco, tímidamente al principio pero la furia va aumentando a medida que nos miramos, nos tocamos. Siento tu piel y la desesperación que la recorre, que es la misma que la mía. Finalmente te diste cuenta.
Una vez terminado el instante, en silencio nos alejamos y no volvemos a hablar de lo ocurrido, pero sabemos que está ahí latente y sólo se necesita un roce, una caricia.
Lo que necesitaba para que te dieras cuenta de que existo, de que tengo piel, ojos, labios, pelo, manos, de que soy otra yo... era estar soñando... con vos, dándote cuenta.